ASESORIA Y CONSULTORIA JURIDICA, EN EDUCACIÓN Y ADMINISTRACIÓN PÚBLICA Y ENTRENADOR EN LIDERAZGO

Abogado, Especializado en Gestión Pública, estudios de Maestría en Administración Pública -ESAP y Maestro en Administración Pública del Instituto Universitario Veracruzano de México, estudios de Doctorado en Ciencias Políticas y Sociales (2023-2025) en el Colegio de Morelos (México), ex-Conjuez del tribunal administrativo del Huila. Docente Universitario y del magisterio, investigador y capacitador. Columnista y conferencista en liderazgo, emprendimiento e innovación y derechos humanos. Conciliador en Derecho. Amplia experiencia en el sector educativo, Administración Pública y liderazgo. Experto en gestión de fortalezas. Apasionado de la psicología positiva. No dude en contactarme y efectuar su consulta que de inmediato se dará respuesta oportuna a su llamado o consulta.

UN NUEVO MODELO DE LIDERAZGO

Los nuevos líderes y trabajadores del futuro deben tener una habilidad que pueda venderse al rededor del mundo. Con esa habilidad; construir una marca personal, idea o un producto. También, colaborar con otras personas que son diferentes a nosotros, de ciudades distintas, de otras nacionalidades, de especialidades y géneros no iguales. Si no tenemos clara esa habilidad, seremos rápidamente reemplazados.

miércoles, 7 de octubre de 2026

Autonomía universitaria y orden público

 Columna publicada en el Diario la Nación el 16 de septiembre de 2026

En atención al anuncio del presidente de la república, en la que se establecerá un protocolo en las universidades, y así, diferenciar la protesta pacífica de situaciones de violencia, flagrancia, peligro o alteraciones extraordinarias del orden público; merece un masivo respaldo ciudadano. Desde 1992, cuando entré a estudiar mi carrera en Bogotá, después del cambio constitucional de 1991, me he cuestionado permanentemente sobre el porqué teníamos o debemos soportar que unos pocos desadaptados sociales, invocando o escudándose en la autonomía universitaria, se pusieran de ruana, no sólo los claustros universitarios públicos, sino a sus alrededores como la nacional y la pedagógica, por citar algunos ejemplos.

El daño causado ha sido incalculable, incluso, de bienes materiales y de vidas humanas en estas más de tres décadas con los episodios debidamente documentados de desmanes de los intocables universitarios en estos claustros del pensamiento o generación de conocimiento. Ese cuento, de ser intocables, prácticamente se fue grabando en la memoria colectiva como si ello fuera algo normalizado. Pero quienes trabajamos en las universidades, es de plena comprensión que esta autonomía otorgada a las universidades para regularse administrativa, presupuestal, académica y estatutariamente, tiene unos límites. Entro ellos, no impedir que las autoridades no puedan ingresar y cumplir su rol de garantizar la seguridad que constitucionalmente les está permitido. Es decir, como si la universidad fuera algo impenetrable para cumplir esta función constitucional y esto fuera una perversidad si lo hicieran.

Efectivamente, estamos en un Estado social de derecho. Lo cual, implica orden y autoridad. También, deberes. Es de plena validez, que la autonomía universitaria, no está por encima del orden público. Jamás, aceptaré en mi vida, que uno tenga sus hijos o familiares en la universidad pública, y estos, sopena de manifestar que están en defensa del libre pensamiento, o dizque construyendo su razón crítica, formen o pertenezcan a células, estén armados, con material bélico y vestimenta inadecuada o encapuchados, y causando daño con sus manifestaciones y protestas violentas. De hecho, mis dos hijos estudian en la universidad pública, y es lo que más les he advertido. Personalmente, me he encargado de que eso no ocurra, yendo a la universidad y verificando sus progresos académicos, y verificando con quien andan y en que andan. Qué, si algún día ello ocurriera, sería el primero en denunciarlos ante las autoridades, más las sanciones que recibirían en el seno familiar.

La Universidad, es lo más valioso que tenemos para formarnos intelectualmente. He concebido el alma máter, como mi segunda casa. No para tirar piedra, disparar ni quemar uniformados, ni dañar o vandalizar infraestructura o bienes públicos, mucho menos para alterar el orden público con terrorismo y todo aquello que se le parezca o han sabido hacer algunos pocos. Bienvenido para quienes lo hagan o lo piensen hacer, todo el peso de la Ley. En ello, todo el apoyo interno de los estamentos de la universidad. Que se evidencie en estos protocolos, los mecanismos para que se pueda tener la inteligencia requerida y puedan detectar a tiempo, aquellos antilíderes universitarios que pretendan a futuro, alterar la verdadera autonomía universitaria: la del conocimiento. Que les caiga todo el peso de la Ley. El orden público, también es prioridad.  


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