Columna de opinión publicada en el Diario la Nación el 23 de septiembre de 2026
Pasó inadvertido para la prensa, es entendible, la
realización del III Foro Regional de la Auditoria General de la República en
Neiva, evento que aglutinó a funcionarios de las contralorías departamentales y
municipales de 4 departamentos (Tolima, Huila, Caquetá y Putumayo) y, por
supuesto, de la gerencia seccional de la Auditoría General de la República para
esta región en la que dieron cuenta de las auditorías que se le realizan a
todos los sujetos de control fiscal en estos departamentos, los cuales suman un
total de 9 billones de pesos. Cifra nada despreciable.
Importante, el hecho de conocer cómo realizaron 46 informes finales de auditoría, 44 auditorías de gestión, 2 actuaciones especiales de fiscalización, 22 auditorías financieras y de gestión activas, 3 auditorías financieras y de gestión pendiente por iniciar. Así mismo, lo realizado en la gerencia seccional de Neiva, correspondiente a 6 auditorías financieras y de gestión, 3 auditorías culminadas y 2 en ejecución y por ejecutar. El hecho de dar cuenta sobre esa acción realizada, y cómo se traduce en 65 hallazgos administrativos, 4 disciplinarios, 0 fiscales, 0 penales, más de 45 derechos de petición, 44 archivados, los pendientes por contestar, al igual que la evaluación que se efectúa para certificar a las mismas contralorías en este ejercicio y cuál de ellas lo hace mejor (la del Putumayo con un 94,2%); aún llena de esperanza saber que no todo está perdido y sin control.
Me llamó poderosamente la atención lo expresado por los organizadores, sobre el propósito del foro. Por un lado, demostrar que los entes de control, en este caso, contralorías y auditoría, sí hacen la tarea de rendir cuentas como premisa de lo que es la transparencia. Por el otro, que no se trataba de mostrar sólo cifras, sino, de escuchar a los asistentes, y con ello, continuar la tarea constitucionalmente encargada para fortalecer la democracia desde el control social como principal objetivo estratégico de las entidades que vigilan y controlan, el control fiscal y la equidad de género.
Incluso, motivaron a los asistentes, en cuanto que las auditorías no se hacen como hace 20 años. Que actualmente se tiene a disposición plataformas, datos abiertos, analítica predictiva, inteligencia artificial, georreferenciación digital, automatización de procesos, minería de datos contractuales, vigilancia satelital, observatorios, interoperabiidad, portales de datos, denuncias en línea, mapas de inversión, aplicativos, etc. Que esto permite a la ciudadanía en general, comprender que la tecnología es la gran aliada para hacer control en tiempo real. Esto, nos permite a todos ejercer co-auditoría inteligente. Que, cualquier ciudadano, desde un celular pueda seguir la pista, no a un contrato, sino a todos los contratos que celebra una entidad o municipio.
Un llamado exigente y en voz alta se realizó. Que, no se puede hablar de transparencia, si la mitad de la población no participa en igualdad de condiciones en la vigilancia de lo público, dado que ha estado privilegiada a los hombres. Que, es necesario, replantearnos prácticas, lenguajes y formas de ejercer poder que históricamente han excluido. Que esto no puede continuar así. Fundamental el cierre del evento con su llamado: “Es necesario promover una cultura de la legalidad, la prevención antes que la sanción, y la participación ciudadana como antídoto más eficaz contra la corrupción”. Como anillo al dedo este evento, frente a la propuesta del presidente de eliminar la corrupción.

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