Columna publicada en el Diario la Nación el 17 de junio de 2026
Llegó el
momento de elegir. Para quienes nos dedicamos a la academia, volvemos a la comprensión
(no solo descriptivo, sino dialéctio) de las estructuras de poder y los modelos
de organización social que han guiado las decisiones en el campo político desde
hace más de un siglo. Es decir, desde la tradición crítica/revolucionaria
(Izquierda) y la tradición liberal/institucional (Derecha).
Es así como en cualquier votación, especialmente en la presidencial, se desentrañan las bases ontológicas del pensamiento político. Por un lado, los de Marx, (economía y plusvalía), Lenin (Estado e imperialismo), Gramsci (hegemonía cultural), Fanon (violencia descolonizadora), Trotski y Freire (praxis y concienciación), quienes son ubicados en la corriente de la izquierda (crítica y revolución) construida sobre el materialismo, la lucha de clases, la pedagogía crítica y la decolonialidad.
Y, por el otro, a pensadores como Smith (mano invisible), Hayek (contra la planificación central y el estatismo), Mises (praxeología), Ayn Rand (contra el egoísmo racional absoluto) y John Rawls (búsqueda de una justicia institucional como equidad distributiva), o federalistas como Hamilton, Madison, Jay y Tocqueville (quienes van en contra de la tiranía de la mayoría), quienes también han delimitado la corriente de la derecha (liberalismo e instituciones) y se han fundamentado en la praxeología del mercado, el orden espontáneo y la arquitectura institucional.
Desde luego, ubicando a las dos corrientes en el campo donde colisionan o tienen disputa al manifestarse sobre la real politik (el poder como técnica) y lo propuesto por el contrato social. Es decir, los planteamientos de Maquiavelo y Rousseau.
En el ejercicio del voto, estas corrientes con sus ideas fundamentales, terminan incidiendo, por tratarse de las visiones sobre la esfera del Estado, del sujeto, el concepto de libertad, la asignación de recursos, y de alguna manera, guiarnos en la praxis política desde finales del siglo XX y lo que va corrido del siglo XXI.
En la tradición de izquierda, el sujeto esta condicionado por la clase, el Estado es una herramienta a ser capturada o extinguida, en cuanto a la libertad, ésta debe surtir una emancipación material, y en la asignación de recursos, se debe planificar de manera centralizada por necesidad social. En la otra orilla, de la derecha, el sujeto se constituye como individuo soberano y agente autónomo, el Estado es un garante estricto de la propiedad y el marco legal, la libertad no debe ser restringida ni coaccionada, y el mercado o recursos, se rige por el sistema puro de precios.
Sin embargo, no sólo con esas dos corrientes uno se queda. También, está presente las epistemologías del sur y oriente, como son el pensamiento árabe-islamista (soberanía divina y justicia), el confucionismo (armonía y meritocracia moral), Antigua India (realismo pragmatista y dharma) y el pensamiento aborigen o de América, principalmente de sur américa (racionalidad y buen vivir). Por ello, el voto que depositamos, no es un voto pasional. Es producto del diálogo de estas corrientes en este espacio propio llamado Colombia. Que viva la democracia este 21 de junio.
