Columna de opinión publicada en el Diario la Nación el 7 de octubre de 2026
Como
docente, después de muchos años de estudio sobre la materia, he entendido que,
sin estabilidad emocional, no hay cognición, ni aprendizaje efectivo en los
niños o estudiantes. También, que la condición mental del docente, constituye
un referente sine qua non para el clima escolar y forma parte del motor
biológico principal para cualquier aprendizaje dentro de una educación con
equilibrio. No obstante, ¿cómo se puede trabajar o avanzar, cuando tanto los
docentes, estudiantes y familia en general, están gobernadas por factores de
ansiedad, estrés, depresión, violencia, desmotivación por falta de regulación
emocional?. Es decir, de analfabetismo emocional. Esto, lo vemos traducido o
visibilizado en la escuela, principalmente, en los rendimientos académicos
fluctuantes de los estudiantes, cada vez más en aumento por problemas de
disciplina y convivencia, adicciones, deserción, entre otros factores negativos.
Entonces, ¿cómo hacer todo lo contrario en una institución educativa (escuela)?. Muy sencillo, diseñando el ecosistema humano desde el preescolar, primaria, media técnica hasta grado 10º y 11º con el modelo de desarrollo socioemocional. Así quedó previsto y propuesto en la 13 cumbre de líderes por la educación realizado hace unos días, y también, en el III Congreso Internacional de educación y pedagogía de los colegios lasallistas de Colombia.
Todos los conferencistas nacionales e internacionales, como los participantes, incluso, con presencia del Viceministerio de educación sobre el área, coincidieron que se debe reforzar todo lo planteado y regulado en educación socioemocional. Que, para impulsarlo, no se tienen excusas. Que ya se cuenta con las leyes 2383/24 sobre transversalidad socioemocional, 2414/24 de convivencia y habilidades sociales y emocionales, 2460/25 para prevención y atención de trastornos y enfermedades mentales, 2491/25 incorporación en el PEI este tema, 2503/25 como cátedra de educación emocional, 2518/25 de salud mental, así como la cartografía concéntrica desplegada por el Ministerio de Educación basada en la teoría de Bronfenbrenner que gira en su centro por la autoconciencia y regulación emocional (yo con migo mismo), luego, yo con los otros, yo con la sociedad, y yo con el mundo.
La secretaría de educación de Neiva, debería jugársela con este modelo de desarrollo. Tenemos algunas instituciones que lo vienen trabajando con el modelo de la teoría tricerebral, pero de manera tibia, con pasividad. Sin embargo, debemos explotar todo para que el aula sea un santuario atencional y afectivo frente al ruido del mundo. Desconectar los dispositivos para conectar genuinamente las miradas. Permitir que el pensamiento y la emoción se armonicen, y así, la educación se convierta en camino hacia la convivencia, la paz y la sostenibilidad.
Me sueño, que sea la Secretaría de Educación, quienes den ese paso gigantesco, el cual está probado y regulado. Que autorizaran e incitaran, desde la Secretaría para que se enseñe sobre el modelo pentagonal del profesor Rafael Bisquerra con contempla más de 560 emociones (conciencia emocional, regulación emocional, autonomía emocional, competencia social, competencias para la vida y el bienestar) para aumentar el rendimiento escolar. Necesitamos aprender sobre las emociones, a vivirlas en convivencia, a transformar el aula y construir esa nueva educación con inteligencia emocional, programación neurolingüística, neurociencia, teoría tricerebral y, porque no, meditación en docentes, estudiantes y familias. Me sumo a ese reto. Estoy listo. Es un grito en voz alta.
