Columna publicada en el Diario la Nación el 29 de julio de 2026
En la columna del domingo
anterior escrita para este diario por el doctor Germán Alfonso López Daza y
titulada: “La trascendencia de los simbolismos en la política”; merecen una
amplia discusión y reflexión para comprender todo lo que ha estado ocurriendo con
las escenas teatrales, tanto del presidente Petro y su gobierno, como del
presidente electo Abelardo y su equipo designado. Este es un tema fascinante.
Lo indico así, porque no solo es
propio del campo de la ciencia política, sino de lecturas antropológicas y
sociológicas del poder también. Tal vez, por su corto espacio para ampliar su
escrito, sólo se apoyó en lo planteado por Murray Edelman para asociar la
simbología o escenas mostradas hasta ahora por el presidente electo Abelardo de
la Espriella, bajo el argumento de que la política es como un fenómeno
esencialmente simbólico y escénico y, por ello, sus acciones.
No obstante, Abelardo, aún, no
está gobernando. Esa es la pequeña diferencia. Por lo tanto, aún no está en el
ejercicio del poder n su calidad de gobernante, tal como lo refiere Edelman
para analizar la reproducción deliberada de su simbología, relatos y mociones
colectivas. Lo que sí me hubiese esperado, es la posibilidad de haber
relacionado lo que sí produce y reproduce, por demás, con
bastante argucia, el presidente
Petro con todas sus estrategias, puesto que sí responde a los específicos
planteamientos de Edelman, dado que está aún en el ejercicio como gobernante de
Colombia.
Es más, aquí es necesario,
ampliar la argumentación de otros teóricos que abordan el tema con una maestría
absoluta. Por ejemplo, Pierre Bourdieu, sostiene que la autoridad estatal se
consolida porque logra imponer categorías de percepción que los ciudadanos
terminan reconociendo como naturales. Además, por la facultad de producir
significados compartidos. Es por esta razón, que convierte al Estado en un
actor que organiza el mundo social mediante clasificaciones, discursos y
símbolos que legitiman su existencia. Por otro lado, Clifford Geertz propone la
noción de Estado teatral y demuestra que el poder político encuentra una de sus
principales fuentes de legitimidad en la representación pública a través de las
ceremonias, rituales y solemnidad institucional por ser mecanismos mediante los
cuales el Estado comunica autoridad y produce adhesión.
En las reflexiones de Guy Debord,
sobre la sociedad del espectáculo, esta es apoyada por los medios de
comunicación y de plataformas digitales que han intensificado la teatralización
de la política. En ese sentido, las decisiones públicas suelen competir con la
construcción de relatos visuales y emocionales, desplazando el debate
programático hacia estrategias de visibilidad y posicionamiento mediático. Por
ello, todas las notas espectáculos que nos acostumbraron.

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