Columna publicada en el Diario la Nación el 11 de junio d 2025
Justo en esta coyuntura en la que está Colombia, vale la pena traer a colación y hacer pedagogía, por un lado, de las leyes fundamentales de la estupidez humana escritas por Carlo M. Cipolla. En su orden. 1. Siempre e inevitablemente cualquiera de nosotros subestima el número de individuos estúpidos en circulación. 2. La probabilidad de que una persona dada sea estúpida es independiente de cualquier otra característica propia de dicha persona. 3. Una persona es estúpida si causa daño a otras personas o grupo de personas sin obtener ella ganancia personal alguna, o, incluso peor, provocándose daño a sí misma en el proceso. 4. Las personas no-estúpidas siempre subestiman el potencial dañino de la gente estúpida; constantemente olvidan que, en cualquier momento, en cualquier lugar y en cualquier circunstancia, asociarse con individuos estúpidos constituye invariablemente un error costoso. 5. Una persona estúpida es el tipo de persona más peligrosa que puede existir. Lástima, el espacio reducido para replicar todo lo que nos muestran estas leyes, pero al menos, manifestemos que de las mismas se desprenden estas categorías: los incautos, inteligentes, malvados y estúpidos. ¿En cuál encajará el pueblo, los gobernantes, partidos y movimientos sociales, entre otros? Por otro, si anexamos a este ejercicio pedagógico, el texto de José Luis Trueba Lara: “La tiranía de la estupidez. Los otros rostros del siglo XXI”; en la que busca respuestas a si ¿es justificable la fascinación que ejerce la democracia sobre el hombre moderno?, ¿si es preferible a los regímenes totalitarios?, ¿si la democracia se transformó en una religión política?; las reflexiones y respuestas nos dejan amarillos, por no decir, pálidos. Y si queremos seguir esa línea, no se podría dejar por fuera a Jano García en su manuscrito: “El triunfo de la estupidez. Por qué la ignorancia es más peligrosa que la maldad”. Al fin y al cabo, eso es lo que nos está destruyendo en Colombia. Estas notas, se entenderán mejor, sí lo contrargumentamos con las fábulas de Jean de La Fontaine: “El lobo y el cordero” o “el cuervo y el zorro”; en las que se da cuenta de la necedad y la falta de juicio de la mayoría de las personas. Por ello, su frase célebre citada infinitamente: “Todos los cerebros del mundo son impotentes ante cualquier estupidez que esté de moda”. Efectuadas estas lecturas, me pregunto: ¿Será que el presidente Petro con sus acciones nos considera a la gran mayoría estúpidos o incautos? ¿En sus elucubraciones se autodenominará el más inteligente? ¿o será que se quiere hacer ver como el malvado? El momento demanda otra cosa.

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