Columna publicada en el Diario la Nación, el 11 de marzo de 2025
En el marco del día internacional de la mujer, fue propicio para los
hombres, efectuar un sin número de cuestionamientos y reflexiones sobre la
forma como se conmemoró, y para otros, se llevó a cabo la celebración o festejo
de este día (8 de marzo). Por su supuesto, como las mismas mujeres entendían y
asumían estos reconocimientos, exaltaciones, celebraciones y conmemoraciones
sobre su rol en esta sociedad actual. Por algo, algunos autores han decidido
llamar el periodo contemplado entre finales del siglo XX y lo corrido del XXI
por la efervescencia de la revolución femenina como el siglo de las mujeres.
Somos conscientes de los cambios ante lo heredado desde las estructuras de dominación
colonial machista (autoritarismo, clivaje, caudillismo, patrimonialismo y
patriarcado) ante los nuevos roles de la mujer. El hecho de las mujeres tener
acceso libre en actividades tanto en las esferas públicas como privadas, y
conseguir hasta su libertad económica y financiera; genera una especie de
equilibrio en este mundo depredador de la misma raza humana, que han liderada
por los hombres particularmente. Es decir, ellas (mujeres) están ahora
presentes para poner orden. De eso no hay discusión. Por eso me encanta el
libro de Gilles Lipovestky denominado: “La tercera mujer”. Ese debe ser el
autorregalo (comprarlo y leerlo) para los mismos hombres a fin de comprender lo
que está pasando. Apreciados y respetados compañeros hombres, la mujer lo está cambiando
todo. Están construyendo su propio destino. El autor del texto nos recuerda que
la primera mujer constituyó un ser infravalorado y despreciado por siglos. En
otro momento de la evolución humana, se reconoció la segunda mujer, la cual comenzó
a formarse a partir de la Baja Edad Media y del Renacimiento. Esta mujer,
terminó siendo un ser exaltado y mistificado, pero que lamentablemente dominada
por el hombre. Pero afortunadamente, la tercera mujer, la de nuestro tiempo, la
que le conmemoramos su día el fin de semana anterior, es un ser completamente
distinto que ahora goza de mayor libertad, capacidad para auto-proyectar sus
metas y destino y cambiar el mundo. Por supuesto, que no abandonará su esencia
o roles tradicionales por su feminidad (seducción, belleza, maternidad, poder
político o económico), y que tampoco, perderá la diferencia marcada del hombre
en sus diversas posturas. Me encanta esta tercera mujer por empoderamiento. El feminismo
a ultranza, no.

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