Columna publicada en el Diario la Nación, el 29 de octubre de 2024
En el auditorio “reforma administrativa” del Instituto
Nacional de Administración Pública-INAP, de la ciudad de México, se realizó la semana
pasada la conferencia anual denominada: Nuevas perspectivas y retos de la
democracia y el gobierno en América Latina, por parte del Grupo Latinoamericano
para la Administración Púbica-LAGPA creado en el 2010 en Chiapas (México), el
cual está afiliado al Instituto Internacional de Ciencias Administrativas que
tiene como meta, convocar en el ámbito de la administración pública en
Latinoamérica a expertos, académicos, profesionales y líderes en la administración pública, a
través de eventos académicos para que debatan sobre temas pertinentes a fin de
promover el desarrollo de la ciencia administrativa en la región. Es una red
que prácticamente por mi rol de docente de la ESAP sigo desde el 2016 y en la que
he tenido la oportunidad de asistir a alguno de sus encuentros. La referencio,
por la profundidad de los temas, en especial, la de este año, porque estuvo referida
a un tema que nos compete a todos con urgencia, como lo es, la defensa de la
democracia. No es un juego ni un cliché. La democracia está en riesgo. Enfrenta
una de las peores crisis. Aunque siempre ha estado en crisis, pero no tanto
como ahora. En esta sociedad activa y demandante de derechos y soluciones a
problemas públicos cada vez más agobiantes; debatir sobre la democracia como
excusa y búsqueda y defensa aguerrida, es más que oportuno. Pero no sólo se
concentró en lo que afecta la democracia, sino en los problemas públicos, las crisis
e inoperatividad de los gobiernos y del espacio público donde funciona la
Administración Pública. También, en cómo resolver la desconfianza en el
gobierno, su pérdida de legitimidad, al auge del populismo, autoritarismo y
tiranías, crecimiento de crisis fiscal gubernativa, espacios territoriales más
grandes que gobiernos efectivos, la no concreción de la paridad transversal o
igualdad sustantiva en el ejercicio de la administración pública, el estado del
arte de la democracia en el mundo, entre otros aspectos. Tres días de profundo
análisis, incluido los efectos de la digitalización (open goverment, I.A., Big
Data, experiencia y uso en el gobierno), la transformación (con nuevos modos de
gobernanza pública), las capacidades (en recursos, calidad del gobierno,
eficiencia), los contextos (globales, nacionales y subregionales) y el redireccionamiento
(hacia nuevas agendas y prospectivas gubernamental). En general, coincidió con
lo planteado por Fernando Carrillo Flórez, quien lanzó su libro titulado:
“Defender la democracia sin miedo desde la democracia”, haciendo hincapié en la
importancia de abonar el capital democrático desde los partidos, el sector
privado, con diálogo social, educación democrática, no abuso del poder
constituyente y transitar por el sendero de la reinvención de la política para
recuperar la democracia desde y con la Constitución. ¡Qué coincidencias! Pero
me gustan esas coincidencias. Sobre todo, que sea con la Constitución en la
mano, como hemos aprendido desde 1991. Enorme reto: “defender la democracia sin
miedo”.

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