Columna publicada en el Diario la Nación, el 29 de enero de 2025
Ante la crisis diplomática exprés que se generó con Estados Unidos, luego conjurada rápidamente por todo lo que estaba en juego, particularmente las afectaciones en el campo económico para nuestro país; nos lleva a reflexionar sobre la importancia de la diplomacia o canales diplomáticos oficiales, diferente a las redes sociales. Se generó un gran aprendizaje con este hecho inusual de nuestro presidente. Han sido varias décadas en las que Colombia ha sido cuidadosa en el manejo de las relaciones internacionales, lo que significa el adecuado camino diplomático seguido por la cancillería, especialmente con uno de nuestros grandes y mejores socios, como es Estados Unidos. Desde que la sociedad se fue organizando en la antigüedad, no sólo en lo económico, social, cultural, religioso, sino en lo político, surgió la forma de relacionarse y comunicarse con quienes interactuaban de una forma cuidadosa. Esto es, dio paso a lo que actualmente conocemos como diplomacia. Ésta ha evolucionado, como lo ha hecho la misma sociedad. En la actualidad, mucho más. Para que un país logre insertarse en la comunidad internacional (antes sociedad de las naciones) mediante el comercio, las comunicaciones y hasta para la guerra, dado el entramado de relaciones y actores con diferentes intereses y formas diversas en su organización, se ha experimentado una constante y creciente complejidad a lo largo de la historia sobre la materia. Digamos que la diplomacia desde la antigüedad hasta el siglo XV tuvo un carácter ambulante y no era tan regulada. Pero a partir del siglo XV hasta el Congreso de Viena en 1815, toma un carácter permanente y se visibilizan o formalizan las misiones diplomáticas. Luego de este periodo, hasta el final de la primera guerra mundial, se implanta un auténtico derecho diplomático con normas obligatorias para todos los Estados. Sin embargo, desde la primera guerra mundial hasta nuestros días, se han tenido cambios en atención a los avances tecnológicos producidos. Esto lo recogió la Convención de Viena 1961 y 1975. Todo ello para indicar, que cuando se trata de relaciones entre Estados, nuestros gobernantes en su pensar, decir y actuar o hacer deben tener habilidades diplomáticas. Existe un manual, una institucionalidad, canales y unos actores que no se deben desconocer para que no nos ocurra otro susto similar. Por ello, hay carrera diplomática y consular. Pero con el actual gobierno, desconocida y pateada.

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