Columna publicada en el Diario la Nación el 19 de febrero de 2025
Con toda la
convulsión que se está viviendo en el mundo, no sólo en lo político, con
efectos devastadores en la vida de las personas, pues ésta pareciera que ya no
tiene valor diferente a cualquier objeto; nos lleva de vuelta a comprender el
porqué del necropoder o necropolítica por un lado, y por el otro, el biopoder o
biopolítica. El primer término, poco lo referenciamos o apropiamos. Pero el
historiador camerunés, Achille Mbembe la volvió una categoría conceptual al
indicar, palabras más, palabras menos; que cuando se trata del poder soberano,
este tiene tal facultad que puede controlar o dar la vida y la muerte de todas
las personas. Sin embargo, este poder, ya no se vuelve exclusivo del soberano,
sino que se repliega como una esponja en todos los sectores hasta llegar al
punto de reconocerse “como economía de la muerte”, producto de todos los hechos
mediado por los conflictos y la violencia en aumento, en el que finalmente se termina
decidiendo sobre la vida de las personas. No son pocos los muertos en el
ejercicio de este necropoder. Aterran las estadísticas a lo largo y ancho del
país, para no ir tan lejos. Ya es como normal, todo lo que ocurre en nuestra
propia gotera o nariz. Prácticamente estamos arropados por el necropoder. Nos
está ganando. Desde otro ángulo, como contraposición, está el biopoder o la
biopolítica. Lo ha defendido Michell Foucault, filósofo e historiador francés,
quién pregonó que la finalidad tenía que ser el bienestar de la población como el
más importante recurso junto al territorio y los bienes que en él se encuentran.
Prima aquí, todo el impulso biológico, demográfico y tiene que representar la
defensa de la vida humana. En este sentido, la biopolítica responde a la verdad
estadística y científica para potenciar la vida. Razón primaria para defenderla
sobre todos los órdenes. Pero, pareciera que ésta se deja opacar. Predomina en
la actualidad, la cosificación del ser humano, por su actuar se asemeja a una
mercancía y es fácilmente sustituibles. Estamos es en presencia del
contrabiopoder o del necrocapitalismo como lo menciona Mbembe. Algo tenemos que
hacer para que la balanza se revierta. Es urgente.

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