Columna publicada en el Diario la Nación el 28 de enero de 2026
La semana anterior manifesté en este espacio que nos llegó la hora de trabajar en la educación socioemocional y salud mental. Para empezar, importante que todos empecemos por consultar la producción intelectual, producto de largos años de investigación de Rafael Bisquerra, el cual describe las emociones humanas en un texto que lo titula el Diccionario Emocional. Explica que, todas las emociones se pueden ubicar dentro de un prisma triangular formado por la felicidad, el amor y la alegría. También, describe algunas emociones como la ira, la tristeza, el miedo y la sorpresa y todas las que se articulan a cada una de ellas como centro de la galaxia. Nos trae a colación que, todos los seres humanos, tenemos más de 543 emociones. Y que, ni siquiera, sabemos que las tenemos, mucho menos, que las debemos gestionar adecuadamente para evitar caer en el abismo. Incluye, enlaces a sitios web y bibliografía sobre educación emocional y actividades prácticas relacionadas con el desarrollo de las emociones que cada uno podríamos profundizar a nivel de galaxia o universo emocional. En estos dos años, he contribuido con instituciones oficiales (incluso de las fuerzas armadas) que le han apostado en sus currículos de formación para ascenso a la formación de la gestión del talento humano de manera prioritaria, con un alto componente en la inteligencia emocional. Por supuesto, previo a ello, se tienen que trabajar o conocer los más de 15 trastornos de conducta y comportamiento que se suelen padecer, así como las distintas intervenciones, terapias o reestructuración cognitiva a seguir. De ahí, la necesidad de tomar en serio el asunto, desde el medidor o regulador emocional para saber cómo estamos o las gestionamos, así como la forma de potenciar los programas, conferencias, charlas, capacitaciones que nos permitan poner en primer plano la salud y bienestar emocional. Hay experiencias fascinantes en el sector privado. Muy pocas en el sector público. Digamos que este es o fue el propósito de la Ley 2383/24, 2491 y 2503 de 2025 tramitadas y expedidas por el congreso de la república para que no haya excusas. Es un tema maravilloso y motivante, el aprender a gestionar de manera asertiva las emociones, pensamientos y comportamientos. Imaginémonos, los niños enfocados en la salud emocional con todos los profesores preparados y formados en inteligencia emocional. Los padres de familia, capacitados también. Las empresas privadas y entidades públicas priorizando programas y capacitaciones semanales al respecto. Cambiaría hasta el lenguaje a diario utilizado. Tenemos ciertas experiencias, que van desde la llegada al sitio de trabajo, cuando con cámaras nos detectan facialmente cómo estamos y se envía la señal al centro que monitorea con psicólogos. El equipo que está maniobrando la persona, inmediatamente, gestiona un mensaje y le consulta cómo se siente. Con la información recopilada, se diseñan cápsulas de intervención, las cuales son geniales. Por ello, arriba la educación y bienestar emocional. Que vivan las emociones.

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