Columna publicada en el Diario la Nación el 8 de abril de 2026
Culminada la semana santa, quedan las reflexiones
personales de cambio, transformación, brinco o salto que debemos dar para
moldear una mejor persona, familia, comunidad y sociedad en los días, semanas y
meses siguientes. Fue maravilloso, la oportunidad de participar en todos los
actos litúrgicos, desde el mismo domingo de ramos, hasta la santa eucaristía de
resurrección del señor Jesucristo para reafirmarlo. Tengo la costumbre de
anotar y llevar un registro de las cosas que considero importantes de estos actos,
para luego, discernir y fijar metas de superación de ese hombre viejo a un
hombre nuevo que comienza. De esas notas, quisiera destacar, las realizadas por
el sacerdote delegado por la Diócesis de Garzón para acompañar los actos
litúrgicos en la iglesia del municipio de Timana, precisamente, en el marco del
sermón de las 7 palabras pronunciadas por Jesucristo durante su crucifixión, concretamente
cuando manifestó: "¡Dios mío, Dios mío!, ¿por qué me has abandonado?"
(Mateo 27:46 / Marcos 15:34). Con un hilo conductor, el sacerdote no se limitó
a traducir que quiso de decir el señor Jesucristo con esa frase. Sencillamente,
en un tono pausado, fresco, reflexivo, nos llevó a recordar las “5 heridas que
impiden ser uno mismo” (rechazo, abandono, humillación, traición e injusticia),
y las máscaras que el ser humano crea como mecanismo de defensa o escudo de
protección para minimizarlas, escritas por Lise Bourbeau (2011). Por su puesto,
se concentró en explicar cómo el ser humano se siente al ser abandonado desde
la infancia y como eso repercute en la juventud o madurez y nos impide ser
feliz. Con ello, para que, de alguna manera, entendiéramos lo manifestado por
Jesús. Luego, relacionó la vida de María Goretti, una niña italiana de 11 años,
que fue apuñalada 14 veces por su vecino, Alessandro Serenelli, el 5 de julio
de 1902, tras resistirse a una violación. Y cómo ella, antes de morir al día
siguiente, perdonó a su agresor y expresó su deseo de verlo en el cielo. Por su
puesto, hizo mención a las otras heridas con ejemplos concretos para su
comprensión. Lo más importante de su intervención, fue el llamado a superar los
corazones rotos de todos por estas heridas. Que diéramos el paso a construir
estructuras de confianza en la misma familia, con vecinos, barrio, y con todos.
A no seguir generando aparteris (aislamiento, apartados, divididos), sino en generar
esas estructuras de confianza para edificar una mejor familia, municipio,
ciudad y país. Que había un reto enorme por allí. No más la desconfianza. No
más sentirnos abandonados, rechazados, humillados, traicionados y sin
reconocimiento de la justicia. Que más bien, nos abandonáramos, pero Jesús tal
como lo indica la “oración del abandono” de charles de Focauld, la cual fue
escrita en 1896, para intentar unirse a la oración de Jesús en la cruz.
Profundo llamado. Con toda la razón.

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