Columna publicada en el Diario la Nación el 25 de marzo de 2026
Cuanto
dolor se siente por la tragedia ocurrida el pasado lunes con el siniestro del
avión de la Fuerza Aeroespacial Colombiana en zona rural de Puerto Leguízamo,
departamento del Putumayo y la totalidad de los militares a bordo. Es doloroso
este panorama, no sólo por el número de fallecidos, sino también, por los
heridos o sobrevivientes. Sencillamente, nos debemos unir como colombianos,
para expresar toda nuestra solidaridad a estos héroes de la patria. Tengo la
fortuna de ser docente de la Escuela de Suboficiales de la Fuerza Aeroespacial
Colombiana-ESUFA, en Madrid, Cundinamarca desde el 2024, y conocer los sueños,
metas, esperanzas, angustias y disciplina con la que a diario conviven los
militares que le prestan este servicio honroso a la patria de cuidarnos. Cuando
uno ha tenido en aula, algunos de ellos, y se da cuenta que perdieron la vida;
uno no olvida el lugar donde se sentaban, su camaradería con los compañeros,
sus aportes en clase, el rendimiento académico, su personalidad y el ímpetu de
la fuerza, para defendernos ante las adversidades. Son personas que les toca
sacrificar, hasta la vida en comodidad de una familia, como sí la tienen gran
parte de los colombianos. Bastante tiempo en su formación, misiones, trabajo en
sus unidades militares, y muchos de ellos, no tienen a su familia ahí cerca.
Como no evocar, desde mi curso de gestión del talento humano, todas estas
situaciones que me llegan al alma sobre su vida y entrega para con los
colombianos. Hoy encuentro, con tanto sentido, la oración que realizamos al
iniciar nuestras clases. Y, lo que más me sorprende, es que, a pesar de ser
militares, esos segundos de oración para dar las gracias al todo poderoso por
permitirnos pertenecer a esta fuerza, por tener una familia, por darnos
inteligencia, alejarnos de los malos peligros, compañías, caminos adversos,
darnos la vida, salud, una familia, oportunidades y por protegernos; es la que
más valoran. Son conscientes que, en cualquier momento, puede ocurrirles algo
trágico. Claro que no así, sino como primera instancia, producto de una
confrontación con el objetivo. La realizan con una conciencia profunda, que uno
queda con una alegría maravillosa de gratitud con el todo poderoso. Es una de
las razones, por las que continúo en mi tercer año en esta institución
contribuyendo en la formación de un mejor militar para prestarle un servicio de
calidad al país. Por eso indico de primera fuente, que ellos necesitan ser
respaldados por todos los colombianos, respetados, admirados, pero, sobre todo,
bien conducidos por quien es el comandante en jefe, esto es, por el presidente
de la república. El año anterior, también perdí dos mujeres que estaban en el
programa de educación militar y que eran del Huila (Rivera y Garzón), en otro
accidente de la FAC. Elevemos una oración, y pidámosle al todo poderoso, que
los sobrevivientes, salgan bien de esta. Estamos de luto en Colombia.

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