Columna publicada en el Diario la Nación el 20 de mayo de 2026
A propósito de los discursos o propuestas de los candidatos en esta fase coyuntural de la campaña presidencial; amerita que se ponga sumo cuidado a las propuestas expresadas en Honda (Tolima), y recientemente dadas a conocer de acuerdo con la alianza del Diario el Espectador y la Fundación Acordemos, donde un importante número de líderes: alcaldes, gobernadores, exministros, líderes comunitarios, empresarios, académicos, exfuncionarios públicos, representantes de la iglesia y gobernadores expresaron la visión que tienen desde los territorios sobre lo que debe ser la integración territorial y la paz, no desde el centro del país, sino precisamente desde las regiones como hasta ahora ha sido. En su manifiesto, son concretos y directos a los candidatos presidenciales, por no decir, al país entero. Ojalá, se adoptaran sus propuestas. Lo primero que advierten es que Colombia está perdiendo territorios o regiones enteras, no solo por el tema de seguridad, sino por la poca o nula presencia del Estado. A propósito, esto no es un secreto en pleno años 2026. Luego, que las economías ilegales marcan los derroteros en los territorios y los organismos de seguridad no alcanzan a impactar desde su centro de operaciones. Totalmente cierto. Pareciera que los partidos y movimientos políticos y sociales, o todos los líderes políticos, se volvieron indiferentes frente al abandono territorial. Lo culturizaron. Aquí está el lio. Tanto, que ni los procesos políticos en estos territorios son fuertes. Se sigue en toda Colombia, atrapados con el centralismo, pensado todo desde la capital de la república. Implica que cualquier proyecto medianamente importante se piensa, gestiona y se define desde Bogotá. La descentralización, se quedó en eso, en un sueño plasmado en la constitución del 91. Descentralizan tareas, pero no recursos, lo cual, da lo mismo que nada. En cuanto a la paz territorial, en particular, prevista con los programas PDET, está en un momento de frustración a pesar del anhelo de movilización de recursos que se proyectaron. No ha avanzado lo suficiente. Por otro lado, el punto más álgido, la incidencia de grupos armados ilegales en la contratación pública, que como se sabe, es motor de desarrollo en las regiones, pero termina respondiendo a otros intereses. De igual forma, cuestionaron profundamente el asistencialismo estatal con el modelo del Sisben, lo cual, generó en las regiones un retroceso. No se reclama, indicaron, sólo esta ayuda, sino otros mecanismos que permitan el desarrollo regional. Los mismos líderes, manifestaron que, las propias comunidades tienen modelos de desarrollo (proyectos productivos), los cuales no solo han de ser con ayuda estatal, sino que deben ser visibilizadas e impulsadas por la institucionalidad y el mercado. Hicieron un llamado profundo sobre la necesidad de no seguir hablando de descentralización de competencias, sino más bien de la búsqueda de la convergencia regional, o porque no, de cogobernanza regional como lo llama el profesor Luis F. Aguilar Villanueva para que impere la coordinación, cooperación y colaboración de toda la institucionalidad y comunidades. ¡Pilas candidatos!.

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