Columna publicada en el Diario la Nación el 3 de junio de 2026
La jornada electoral del
domingo anterior, ha dejado un sin número de lecturas y reflexiones. Pero
principalmente, las que cumple el gobierno en cabeza del presidente en
ejercicio para garantizar las elecciones de quien lo sucederá. Es decir, sobre
su intervención abierta y sin tapujos en el proceso electoral. Aspectos estos que
son desafortunados, por parte del ejecutivo, dada su misión de garantizar que estos
procesos se cumplan sin contratiempos y sin intervención para tomar o no partido,
en este caso, de su propio candidato.
En palabras del profesor Aguilar Villanueva (2022), el gobierno es la agencia racional de rectoría de la sociedad existente en forma de Estado. Pero esta racionalidad se logra mediante los aportes de la inteligencia social y de la inteligencia de las organizaciones de la administración pública. En tal sentido, sí el gobernante al tener la responsabilidad de conducir y coordinar la sociedad, abrir caminos hacia futuros mejores de vida asociada, remover obstáculos, duplicar esfuerzos para resolver problemas y relanzar la esperanza de la sociedad; no lo hace adecuadamente, ahí la inconformidad y los resultados electorales. El principal punto, es el de la racionalidad del gobierno o del gobierno racional. Pero al parecer, ha ocurrido todo, menos eso, en estos casi 4 años del gobierno del presidente Petro. Más bien, se ha puesto entre dicho con su actitud y acción beligerante, con espejo retrovisor y provocador, toda su irracionalidad.
Al revisar sus discursos y mensajes cotidianos; uno contrasta lo que por años ha estudiado sobre conceptos, principios, normas, propiedades, problemas del gobierno, gobernante, gobernanza o el gobernar del gobernante. Parece un trabalenguas. Pero no lo es. Todos estos temas son de una profundidad enorme a fin de comprender cómo, quien, dónde, cuándo y a quién se gobierna, precisamente en Colombia. No sólo, nos quedamos en lo que implica el gobierno o gobernar, sino también, en cómo se traduce ello en gobernanza o buena gobernanza, buen gobierno, calidad del gobierno y, lo fundamental, en calidad de la democracia. Se pone una lupa en establecer cómo se da la calidad valorativa, normativa e institucional del gobernante. Se es incisivo, en cómo esto permite que se evidencie la efectividad, legitimidad, calidad institucional, calidad cognoscitiva y ejecutiva del gobernar. Pero, dado lo ocurrido en este periodo presidencial, muy complicado para este estudio de caso.
El resultado electoral, es producto de esa I-racionalidad. Por no decir, de un rechazo también. No es posible que, en cuatro años, con toda la chequera a disposición del Estado, al menos haya pasado su votación que obtuvo hace 4 años en persona. Algo pasa. Revisemos todo lo anterior. Sin sesgos. Y ahí está la respuesta.

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