Columna publicada en el Diario la Nación el 7 de enero de 2026
Lo ocurrido en Venezuela, y que aún, no hemos terminado
de asimilar, nos tiene que inquietar mucho a cada uno de nosotros. Pues no creo
que nos prestemos para ser los “jaguares despiertos” como lo sugiriera el
presidente Petro en respuesta a Donald Trump. Por lo menos, en cuanto a mi se
refiere, no quiero ser un idiota útil a ese llamado. Por su puesto, que sí
tenemos que actuar, pero en el marco de la sensatez e intelectualidad
correspondiente. En otras palabras, con responsabilidad ante una comunidad
internacional, pero, sobre todo, ante los 51 millones de colombianos que lo
requieren y en cada uno de los puntos cardinales de nuestra geografía.
No podemos continuar como observadores o espectadores de lo ocurrido. Los
intelectuales se les requiere más en este momento con sus agudos análisis. Es
una coyuntura que nos está sacudiendo de manera enorme. Más que un sunami. La
propuesta que hace Sergio Fajardo, por ejemplo, de convocar a la comisión de
relaciones exteriores
para que en este escenario se hagan propuestas de cómo Colombia debe actuar, es
muy tenue. Bueno, así ha sido Fajardo siempre. Con la diferencia que María
Angela Holguìn, en esta ocasión le dio un toque diferente a ese llamado. Lo que
quiero decir, es que se debe ir más allá de la confrontación vía X o micrófono
entre los presidentes Trump y Petro. Lo prudente, es presentarle por parte de
Colombia, un plan de Cooperación, que recoja la participación y cuente con la
unidad nacional, para contrarrestar o ponerse a tono con la política de
seguridad nacional de los Estados Unidos promovida por Trump. No es momento de
discutir legalidad o legitimidad de la intervención en Venezuela, si entra o no
a Colombia, si otra vez neocolonialismo, capitalismo salvaje, si la democracia
está en riesgo, o, si es la libertad o el conocimiento que corren peligro,
violación a la soberanía o la autodeterminación de los pueblos inexistente. No,
el punto es hablar de poder y negocios, de acuerdo con la ubicación
geoestratégica que tenemos. Vamos directo al pragmatismo. Algo así como una
nueva teoría convencional narrativa. Es duro, pero así son las cosas ahora. Ya
no tanto romanticismo ni ideología. Menos fundamentalismos. Apliquemos los
patrones históricos y la teoría de juegos en la actual geopolítica (en la que
distintos actores maximizan su propio interés), en este 2026. Cual, es el
interés de Colombia. ello implica tener
presente no solo la estructura económica, la política interna de las élites, la
ideología o equilibrio militar. Vayamos más adelante a la visita de Trump que
hará a China en el mes de abril. Por ahí el camino. Ahí si nos unimos todos.
Claro que ya nos tocará con los candidatos. Los hechos de más de tres años demostrados
por el presidente no darán lugar a ello. Ni modo. No es que sea poco optimista.
Es que el discurso ya está agotado.

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