Columna publicada en el Diario la Nación el 5 de noviembre de 2025
Cuando uno
se ha dedicado con calma y rigurosidad a estudiar cómo se han diezmado y mueren
las democracias en el mundo; el voto, como mecanismo de participación ciudadana
toma un valor fundamental en el ejercicio de la democracia. Es decir, el voto
que ejercemos como ciudadanos tiene una alta dosis de responsabilidad ante el
deber que tenemos ante la sociedad, dado el derecho que tenemos, y por lo
tanto, no es intestinal, pasional, ni ideológico o fundamentalista. Uno,
mientras observa, participa y se involucra en el partido o movimiento político mientras
se va desarrollando la campaña política con ese ánimo y vocación de acceder al poder,
toma como faro o hace retrospectiva y piensa en lo que ocurrió otros escenarios,
donde la democracia se afectó, y por ello, en la posibilidad que no se repita ese
hecho en nuestro país. Cómo no hacer alusión a lo acontecido en Italia, Alemania,
luego Cuba, pasando por Chile, Argentina, Brasil, República Dominicana, Ghana,
Grecia, Guatemala, Nigeria, Pakistán, Polonia, Rusia, España, República Checa,
Rumanía, Ghana, India, Corea del Sur, Sudáfrica, Perú, Bolivia, Ecuador, Tailandia,
Turquía, Uruguay, Egipto, Hungría, Suecia, Austria y Venezuela, por sólo mencionar
algunos de los casos más sonados en los que la democracia sufrió vaivenes (unos
más que otros), no solo por golpes militares, sino sutilmente, bajo el
ejercicio democrático, pero que luego se desdibujó con tintes autoritarios que
poco a poco la fueron minando o erosionando. Revisemos la historia para
comprender como en los países mencionados se inició con cortes fascistas, otros
izquierdistas, anarquistas, autoritaristas, hasta los que abundan hoy en día
que son más conocidos como populistas o demagogos. Pareciera que fueran bendecidos o hubiesen
tenido la anuencia de los mismos partidos políticos. Incluso, de las mismas
élites que lo toleran o aceptan, y luego, no se dan cuenta que el líder se les
salió de sus manos. Lo común de todos los que han afectado o erosionado las
democracias en el mundo, es que generan o promulgan un rechazo o poca aceptación
a las reglas democráticas establecidas, por un lado, Por otro, tratan siempre
de negar la legitimidad de los adversarios políticos. Así mismo, muestran tolerancia
o fomento de la violencia, y también, una predisposición a restringir las
libertades civiles de la oposición, incluidos los medios de comunicación. Estos
últimos, les molestan profundamente. En Colombia, no podemos dejar que esto nos
gane. Al contrario, nuestra labor es no dejar debilitar las normas democráticas
y menos dejar de trabajar por reconstruir la tolerancia mutua. Para ello, el
papel que todos tenemos hoy, tanto partidos, como líderes políticos y sociales en
defender nuestra democracia. Esta campaña a la presidencia, que está con unos
tintes particulares y extremistas, no puede dar paso a los demagogos, ni mucho
menos, a los populistas. Necesitamos es una agenda de país, no de un solo
personaje. Una construcción colectiva. Llegó la hora.

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